El Frío no Pudo con la Cofradía Chacarera

En el Club Social San Martín se reunieron algunos de los que llenaron de alegría a toda una provincia mientras desarrollaban sus habilidades en todo el país.


Con antiguas y nuevas cargadas comenzó la juntada en la tarde noche en San Martín, la excusa de la juntada fue que el “Pocho” Barroso estaba en el departamento haciéndose controles médicos. Como anfitrión estaba muy emocionado uno de los que más jugó y disfrutó en el Chacarero, Eduardo Maryllack,

Como quien no quiere la cosa llegaron Raúl Tamagnone con el Pocho Barroso, los parroquianos del Club Social no pudieron seguir concentrados en el juego de canasta viendo a esos tipos que tantas satisfacciones brindaron a la hinchada sanmartiniana y comenzaron a darse cuenta el porqué de la mesa preparada. El Pato Gramari fue recibido con mucho cariño y las preguntas comenzaron a fluir. Mientras todavía saludaban a Carlos Meyer que se acercaba con su andar cansino y un pucho en la mano. Por último llegaron los inoxidables Osvaldo Sosa y Lalo Falchi.


Cada uno de estos históricos dejaron las reuniones familiares y el calor de sus hogares para “Volver a Vivir” ni hizo falta la conductora televisiva Blackie para hacerles recordar los grandes buenos momentos que pasaron estos deportistas y buenos seres humanos que integran la Cofradía Chacarera

Gracias a la prodigiosa memoria de los comensales estuvieron presentes grandes compañeros como Francisco Monardez y el Gauchito Guzmán, el Loco Madeira que fue quien vaticinó que el negrito Maryllack (cuando jugaba en las inferiores y era alcanza pelotas) debutaría en poco tiempo en primera. Por supuesto que Rubén Ambroggi se llevó gran parte de los recuerdos, y la admiración que sentían sus compañeros por sus habilidades puestas a servicio del juego y la camaradería, como las picardías que le hicieron a distintos técnicos o aquel cuando ingresaba a la cancha le pegó un pelotazo a la mascota de Fumagalli y luego de hacerle un gol de tiro libre le dijo “Al Chuchi”, decile al rope que te saque la pelota.

La mesa servida prodigiosamente por uno de los hijos de Eduardo Maryllack, no tenía nada que ver con los de una concentración donde sólo había una presa de pollo por persona, pero con abundante ensalada de papas con huevos duros. Para que no escaseara la misma dos de los jugadores concentrado pusieron una dentadura postiza y la revolvieron con la prótesis adentro, de esa manera lograron porciones adicionales ya que algunos integrantes del plantel era flojos de estómago.

Surgieron otras anécdotas con la comida, pero en esta oportunidad en grandes restaurantes de Buenos Aires, donde uno de los jugadores pidió un bife de chorizo, pasó un rato y se le enfriaba la carne frente suyo, cuando le preguntaron por qué no comía y el respondió –todavía no me traen el chorizo-

Entre anécdotas pasaban los minutos y uno de los comensales recordaba el gran marcador que fue El Pato Gramari que se midió con los mejores wines izquierdos de las décadas del 60’ y 70’ jugando en San Martín y San Lorenzo.

Un Pato entre las gallinas

También trajeron al lugar uno de los pocos goles que hizo El Pato en su carrera y nada menos que a Perico Pérez en el arco de River, todavía está presente que aguantó un guadañazo de Pinino Más, El Pato se metió entre los marcadores centrales gallinas y quedó mano a mano ante el arquero que lo tapa y da rebote la vuelve a tomar el Pato y esta vez no falla para convertirle el 3 a 0 al millonario, en el diario Los Andes escribían que todo era fiesta, baile y show. Pinino Mas descontó a falta de doce minutos, pero Márquez decoró el póquer con un penal tras una mano infantil de Dominichi.


Con la venta alcanzó para la iluminación

San Martin vendió a Gramari a San Lorenzo de Almagro convirtiéndose en la primera venta importante de un jugador, con eso le alcanzó para hacer la iluminación.

Esa venta era casi una rareza, ya que en aquella época las formaciones duraban 5 o 6 años, se incorporaban algunos refuerzos que generalmente provenían de la misma Liga Mendocina, pero el equipo tenía una identidad a través de sus jugadores, muchos simpatizantes te recitaban de memoria la formación. En la actualidad los equipos duran 6 meses y se vuelven a armar, por eso les falta identidad a los clubes.

Lalo Falchi

La gran pregunta a la llegada del Lalo fue ¿dónde había conseguido un barbijo durante la pandemia para cubrir la tremenda carucha? La hizo el Negro Maryllack pero endosándosela al Pocho Barroso. La misma condición de Carucha se la aplican al desaparecido Turco Julio que los dirigió en momentos inolvidables del Club.

Falchi es muy bien recordado por los ex compañeros, sus picardías siempre marcaron un elemento de distinción compartió el plantel con el “Mariscal” Osvaldo Sosa, el tucumano Fabián González, Eduardo Maryllack, el “Ruso” Dubrowszczyck, Rodolfo Domínguez, el “Pepe” Tébez, el “Chupete” Márquez, el “Mago” Teodoro Fernández, el “Pocho” Barroso, el “Negro” Ambroggi, Juan José Pérez, el “Ruso” Czentoricky, el “Mingo” Salguero y el “Flaco” Zuvialde, que dirigía el eterno “Turco” Jorge Julio, el DT más ganador del fútbol mendocino. El Lalo recuerda que fue titular hasta 1972 donde jugó su primer Nacional y eso le reportó buenos ingresos económicos que le ayudaron a comprar un camión para transportar nueces y trabajar para Cañomat, “los camiones los tuve hasta hace poco, hasta que mis hijos me obligaron a venderlo para que dejara de trabajar, pero de todas maneras sigo haciendo algunos trabajos pequeños para mantenerme activo” recuerda El Lalo.


Grandote e imponente como siempre

Osvaldo Sosa se ganó el mote de Mariscal como defensor, llegó del Club Leonardo Murialdo para reemplazar a Coco Morán y jugar junto a Calderón y Ale. Fue tan bueno el desempeño de Sosa en la defensa del Chacarero que la revista El Gráfico lo distinguió a Osvaldo Sosa como el segundo mejor Marcador Central del año, quedando segundo, detrás de él, nada menos que el recordado internacional Roberto Perfumo.

Grandote y de figura imponente utilizó la ironía para recordar buenos momentos y otros que no fueron tanto, cordial y cariñoso con sus compañeros, todavía trataba como a un pibe al negrito Maryllack, “a pesar de que le llevaba varios años siempre lo traté como a un igual, el venía de las inferiores con un hambre de gloria tremendo, gracias a él y su descubrimiento permanente de las cosas del mundo pasamos buenos momentos” reflexiona el Mariscal.

Osvaldo Sosa vive en Dorrego desde hace años, lleva una vida tranquila, dejó de ir a los café, sale lo justo y necesario, pero la oportunidad de juntarse con sus amigos no la dejó pasar y se vino hasta San Martín.


La Pasión en los tres palos

Raúl Tamagnone, reemplazó en el arco al Gringo Reggi y pasó a ser parte de las históricas formaciones del Chacarero entre los años 1972 hasta 1980, la pasión que puso Raúl para defender el arco Chacarero no la puso nadie decía uno de los comensales. El ahora voluminoso Raúl fue el titular indiscutido de San Martín de Mendoza en los años 1972-1974; en el años 1975 defendió la valla de Atlético Juventud Alianza de San Juan, volvió en el 1976 y se quedó hasta el año 1980. La misma pasión que puso dentro de la cancha la utilizó como hincha y no volvió a ver a SU EQUIPO “Yo no voy a la cancha desde el partido con Rafaela porque de ese partido salí indignado, lo perdimos por culpa de un grupo de jugadores y de su técnico”. Y amplió: “No tengo dudas de que en ese partido San Martín fue para atrás y ese es el dolor más grande en mi vida con el club”. Desde ese momento el club retrocedió permanentemente, dijo. Se alcanza a detectar que guarda un optimismo muy mesurado sobre la nueva comisión, para ver si es rengo hay que verlos caminar, si logran entusiasmarlo quizás pueda volver a las instalaciones donde se vivieron tantas alegrías.

Raúl recuerda que uno de los encuentros más lindos en su amplia trayectoria fue en el estadio Gargantini con la camiseta de Independiente Rivadavia ya que el árbitro Roberto Goicoechea les hizo cambiar la camiseta por que la Albirroja era similar a la de River en ese glorioso partido ganamos 4 a 1 con show incluido.



Ese rosarino campechano que se afincó en San Martín

Carlos Meyer, Carlitos como le dicen sus camaradas comenzó a jugar en Central Córdoba de Rosario en los años 73 -74, en esos años compartió equipo con el Trinche Carlovich, uno de los tipos que más bonito jugaba al fútbol decía Meyer, llegué a Palmira en la temporada 74-75 y pasé a San Martín en el ese año, pude compartir planten con grandes jugadores de los que guardo buenos recuerdos como el exquisito Negro Ambroggi, con todos estos monstruos que están presentes por nombrar solo a algunos de ese gran plantel. En el año 1980 fui como refuerzo al nacional que jugaba Independiente Rivadavia, después me vendieron a La Coruña (España) donde jugué dos temporadas volví a San Martín y jugué hasta el noventa, Recuerdo grandes técnicos como Mumo Orsi, Nene Fernández el Turco Jorge Julio.

El pibe que llegó desde las inferiores fue el anfitrión

“Cuando estaba en las inferiores y veía jugar a los muchachos ni siquiera podía soñar con ser parte del equipo, hasta que un día año 66 se me dio y jugué hasta el 81” Eduardo Maryllack fue el jugador de San Martín que más partidos en torneos nacionales jugó, acumuló 88 partidos, además de sumar 7 partidos con Los Andes de San Juan y 2 con Atlético Juventud Alianza de la misma provincia.

El gran Mumo Orsi hizo debutar a Maryllack en primera división cuando tenía 15 años frente al Toro Club de Moldes, ese día el albirrojo ganó 4 a 1 y el debutante convirtió uno de los goles. En ese debut compartió el equipo con quienes eran y siguen siendo los ídolos de ese flaco desgarrado, según lo recuerda Osvaldo Sosa, junto a Eduardo estaban Márquez, Guzmán y uno de los más grandes el Negro Rubén Ambroggi.

Junto con los otros comensales sumaron 324 partidos con la camisera albirroja. Maryllack 88, Gramari 67; Barroso 56; Tamagnone 50: Sosa 36; Meyer 22, y Falchi a pesar de jugar poco tiempo en el club sumó 5.

Eduardo obtuvo una medalla por el sub-campeonato con la selección nacional en los Panamericanos de 1976, dirigido por Cesar Luís Menotti.

En defensor que convertía goles

Un día con aires de joda le preguntó al Pocho Barroso porqué convertía más goles que él a lo que respondió el puntano goleador, agradece que hiciste un montos siendo defensor. Durante todos los años que jugó en el club compartió planteles con algunos jugadores que antes de ser compañeros habían sido sus ídolos.

Notablemente emocionado Eduardo Maryllack se dirigió a sus compañeros, agradeciéndoles el tratamiento que siempre le dieron dentro y fuera de la cancha. “Cuando era pibe ni siquiera me animaba a soñar de jugar al lado de estos monstruos y sin embargo casi sin darme cuenta estaba en el plantel, esto fue gracias a que don Esteban Costantini a Osvaldo Sosa a Rubén Ambroggi que hablaron a Mumo Orsi para que me diera una oportunidad. Esta juntada es un regalo para el alma”, dijo el ahora voluminoso Negro Maryllack

La Cofradía Chacarera se reúne cada tanto para compartir algunos momentos, de todas maneras es común verlos en los café del centro sanmartiniano recibiendo el afecto de aquellos que disfrutaron de los espectáculos que brindaron durante muchos años.


Nota adicional I: Fue un gran honor compartir la mesa con los NOTABLES, los había visto jugar en la década hace medio siglo, (en la década del 70) cuando el Pancho Bonarde y el Gaucho Guzmán fueron transferido de Lujan Sport Club a San Martín. Con un grupo de amigos nos veníamos de Lujan a ver a esa exquisita dupla. Éramos muchos los que veníamos desde Lujan y Maipú para verlos lucirse. No pasó mucho tiempo y nos enamoró el equipo que jugaba en forma excelente, hacían goles, tocaban, además de tener una defensa que se lucía marcando y se proyectaban, ese juego entusiasmaba a todos. Cada fin de semana era una fiesta, donde el público llenaba las tribunas y no sólo en los nacionales, también el fenómeno se daba en la Liga Mendocina.

Nota adicional II: No se puede reproducir lo conversado en la Mesa de la Cofradía Chacarera, porque todavía hay afectados vivos, dijo uno de los comensales en la fría noche del lunes. Algunas de las picardías de “Los Muchachos” tampoco se pueden reproducir ya que son imprescriptibles y en otros casos se comentaron rumores de los camarines que no se pueden comprobar aunque en el inconsciente colectivo la mayoría de los relacionados con el fútbol de esa época saben que son verdades que beneficiaron a algunos en desmedro de otros.

Por Carlos Fuertes para la Agencia Regional de Noticias












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