Hablar de Pablo Román Jara es hablar de una voz con identidad, de una pasión que nunca se apagó y de un camino recorrido con amor genuino por la música. Su vínculo con el arte comenzó en los años 90, no desde la búsqueda de fama ni de escenarios masivos, sino desde un lugar íntimo, casi sagrado: la música como refugio personal, como expresión del alma.
Durante muchos años, el canto fue para él un hobby, algo profundamente propio. Su tiempo y energía estaban puestos principalmente en la locución, disciplina en la que se formó y desarrolló con dedicación. Sin embargo, fue justamente esa experiencia —la técnica, el manejo de la voz, la interpretación— la que, alrededor del año 2000, lo llevó a dar un paso más profundo hacia el mundo del canto, ingresando de lleno con mayor madurez y convicción.

Sus referentes musicales hablan por sí solos y revelan una sensibilidad particular. En su juventud, sus influencias fueron mayormente internacionales, con artistas que marcaron una época y que hoy continúan siendo faros emocionales, como Phil Collins, Roberto Carlos y Luis Miguel. A ello se suma una fuerte influencia de grandes voces de la locución, como Roberto Vicario y Iván Loscher, que dejaron una huella profunda en su manera de interpretar y comunicar. Son referentes del pasado, sí, pero con un legado eterno, y esa herencia se refleja con claridad en cada una de sus interpretaciones.

Actualmente, su repertorio es tan amplio como honesto. Va desde el grupo australiano Heart, pasando por la banda británica Level 42 y Morrissey, hasta baladas lentas y cargadas de emoción como las que popularizó Patrick Swayze. Siempre deja espacio para nuevas canciones, nuevos sonidos, sin perder jamás la esencia que lo define: cantar aquello que siente y ama.

En los últimos años, Pablo encontró también un espacio de expresión en las plataformas digitales. Como cantante y streamer en StarMaker, realiza transmisiones en vivo, comparte covers y llega a un público amplio y diverso, con personas que consumen y valoran su trabajo desde distintos lugares. Además, participó en Tótem Talent, una experiencia que recuerda con entusiasmo, pero que le dejó una anécdota inolvidable: durante el verano de 2025, tras interpretar una canción en inglés, una persona se acercó a felicitarlo por su interpretación. Al conversar, descubrió que se trataba de un turista australiano. Ese reconocimiento espontáneo, sincero y extranjero fue una caricia al alma y una confirmación de que la música, cuando es auténtica, no necesita traducción.

Formado también en técnicas de canto lírico y ópera, Pablo siempre se ha identificado como tenor. Integró el Coro de Rivadavia, experiencia que marcó su base vocal y artística. Con el tiempo, decidió volcarse hacia un estilo más comercial, pero sin renunciar a la esencia ni al respeto por la música bien interpretada. Cada canción que elige tiene una historia personal detrás.

Ese amor por la música también se extiende a la radio. En MZA FM 94.5, conduce un programa que ya se ha convertido en un clásico para los oyentes: El Coleccionista, un espacio retro que recorre canciones desde 1970 hasta 2016, pensado para quienes valoran la calidad, la memoria musical y las emociones que solo ciertas melodías saben despertar.

Pablo Román Jara es eso: una voz que no busca imponerse, sino acompañar; un artista que canta desde la pasión y no desde la moda; un referente para quienes creen que la música es cultura, identidad y emoción compartida. Un segmento con riqueza cultural, ideal para los amantes de la buena música, esa que atraviesa el tiempo y sigue sonando verdadera.
