Marcelo Deambrosi: medio siglo de música, radio y pasión mendocina
En una entrevista exclusiva con Daniel Carbajal, el histórico DJ repasa su infancia, la nostalgia de sus comienzos y el camino que lo convirtió en referente de la música en Mendoza.
En una entrevista exclusiva con Daniel Carbajal, el histórico DJ repasa su infancia, la nostalgia de sus comienzos y el camino que lo convirtió en referente de la música en Mendoza.
Daniel Carbajal, del grupo Los Inmortales, realizó una entrevista exclusiva al reconocido DJ Marcelo Deambrosi, quien se prepara para cumplir 50 años de trayectoria en el mundo de la música. Orgulloso de ser mendocino por elección, Deambrosi compartió un recorrido íntimo y emotivo por su historia personal y profesional.
Nacido en La Plata, llegó a la provincia de Mendoza junto a su familia alrededor de 1972, cuando era muy pequeño. La mudanza estuvo motivada por cuestiones de salud de su hermano, que padecía asma, y por las condiciones favorables del clima mendocino. El cambio fue fuerte: dejó amigos, su club de fútbol y su deseo de jugar al rugby. “Me sentía muy solo, pero acompañado por la radio”, recuerda.
Su infancia transcurrió en una Mendoza mucho más silenciosa que la actual, viviendo en la calle Arístides Villanueva. En esos años todavía no existía la FM como hoy la conocemos, y su curiosidad lo llevó a explorar el mundo a través del dial. Armó su propia antena casera y se dedicaba a buscar señales en onda corta y onda media. Así logró escuchar radios de Brasil y Chile, descubriendo sonidos y estilos que ampliaron su universo musical.
La música fue su refugio y su motor. Pasaba horas escuchando discos en los tocadiscos familiares, en casas de amigos, de su abuelo y de su madrina. Desfilaban todos los géneros: rock, beat, folklore y grandes clásicos internacionales. Recuerda con especial cariño colecciones como “La música más linda del mundo una coleccion de discos” y artistas como Louis Armstrong, junto a guitarristas virtuosos y orquestas memorables. Más tarde, en su etapa juvenil, llegaron el beat y el incipiente rock argentino con nombres como Los Náufragos, Mantra, Pomada, Kike Villanueva y Donald, entre otros.
Ese vínculo profundo con la música llenó vacíos emocionales y le dio un rumbo claro. Su deseo siempre fue trabajar en radio y estar cerca de los sonidos que lo acompañaron desde chico. Sus primeros pasos concretos llegaron en 1976, cuando comenzó como ayudante de DJ en la discoteca Sketch, un boliche emblemático de Chacras de Coria. Allí empezó una historia que, con el tiempo, lo transformaría en un referente del ambiente musical mendocino.
La Guerra de Malvinas marcó un punto de inflexión en la música argentina. En medio de ese contexto, se produjo un regreso fuerte a los clásicos de los años 70 de la mano de grupos y artistas como Pastoral, Pedro y Pablo, Vivencia y Sui Generis. Al mismo tiempo, ese período impulsó una reactivación decisiva del rock nacional. Si bien el movimiento ya existía, el llamado “rock beat” —representado por bandas como Banana, Pomada, Mantra y Los Náufragos— había cumplido su ciclo.
Con la nueva etapa comenzaron a destacarse otros nombres que renovaron la escena: Raúl Porchetto, León Gieco y Charly García, entre otros, dieron forma a una camada con identidad propia, letras más profundas y una búsqueda sonora diferente. Dentro de ese proceso, uno de los artistas que logró diferenciarse y alcanzar el éxito con gran rapidez fue Miguel Mateos junto a la banda ZAS. En los años del regreso de la democracia su carrera venía en ascenso y su consagración llegó con el disco en vivo Rocas Vivas, que se convirtió en un hito. A partir de allí, su producción mantuvo un alto nivel de impacto y popularidad.
Luego llegó una verdadera explosión creativa: Soda Stereo, Virus, Los Encargados, Vilma Palma e Vampiros y, desde Mendoza hacia el país y el continente, Los Enanitos Verdes, junto a propuestas locales como Raivan Pérez y Alcohol Etílico, entre otros. Todo esto generó un florecimiento de la música urbana y juvenil, con fuerte identidad regional y proyección internacional. También en Mendoza se vivió una etapa de gran movimiento musical, con bandas, radios y DJs impulsando nuevos sonidos.
Fue una nueva época del rock argentino que terminó influyendo en toda América Latina. Si bien el rock en español tiene antecedentes históricos —muchos ubican un origen simbólico en Ritchie Valens— la gran explosión y consolidación del rock en nuestro idioma tuvo uno de sus núcleos más fuertes en Argentina. Ese crecimiento fue tan significativo que incluso cadenas internacionales como MTV abrieron su señal y programación específica para Latinoamérica.
Desde la mirada del DJ de la vieja escuela, la evolución también fue profunda. Antes, el DJ manejaba los tiempos de la noche, la selección musical y la energía de la pista con criterio y sensibilidad. No se trataba solo de pasar temas, sino de construir climas y generar experiencias. La responsabilidad siempre fue la misma: lograr que la gente pase un gran momento, aportando creatividad y lectura del público en cada tanda.
La radio, por su parte, tuvo un rol clave en la construcción de los éxitos. La repetición sostenida de una canción en las emisoras era determinante para posicionarla y transformarla en hit. Programadores y musicalizadores fueron piezas fundamentales en la formación del gusto popular y en la difusión del rock nacional.
Disc Crazy fue una historia muy linda, de esas que todavía hoy me llenan de alegría. En aquel tiempo yo estaba muy activo en Chacras de Coria y recuerdo el enorme entusiasmo de los chicos que impulsaron el proyecto. Había un verdadero espíritu de crear algo local, distinto y con identidad propia. Participé en el diseño de la estructura de sonido, luces e instalación general, especialmente en la inauguración, que fue un lanzamiento realmente impactante.
El lugar comenzó a convocar público de distintos departamentos, de la provincia, porque arquitectónicamente era muy interesante y ofrecía una experiencia diferente. Varias generaciones pasaron por esa pista.
Hoy de regraso en el este y de ponder participar en Ziva siento, que los planetas se alinearon: el espacio es innovador, con un despliegue lumínico sorprendente y un sonido arrollador. Tiene todo para ser un gran éxito y posicionarse entre las mejores propuestas del oeste argentino.
Mi rol como DJ siempre estuvo enfocado en recibir a la gente y crear un clima agradable según el target de la noche. Trabajo mucho con versiones remixadas y lecturas de pista. No uso listas armadas: soy de la vieja escuela. Observo al público, veo cómo responde y, en función de eso, elijo cada tema. El DJ debe conducir el viaje musical y el ritmo de la noche.
También formé parte de una etapa muy especial con Red, un proyecto que nació alrededor de 1989 junto a otros DJs —éramos tres en total— con la idea de ofrecer una propuesta diferente y conectada con los sonidos del exterior. En esa época conseguir música nueva no era fácil: dependíamos de viajes, amigos que iban afuera, azafatas, contactos y todo recurso posible para acceder a material actualizado. Seguíamos revistas especializadas de Europa y rankings como Billboard en Estados Unidos para conocer lo último. Queríamos traer a Mendoza lo que sonaba en el mundo. De ahí surgió el nombre Red, por la idea de conexión.
Eran tiempos de búsqueda y pasión. Hoy lo digital transformó todo y el mundo se volvió una aldea musical inmediata, pero aquella etapa tenía una mística especial.
La radio también fue parte fundamental de mi camino: 33 años de aire acompañando a la audiencia. Porque la música no solo se escucha: se siente. Una canción puede despertar recuerdos, traer nostalgia y transportarnos a momentos únicos.
De cara a los festejos por los 50 años de trayectoria, es muy posible que se realice en fórum, pensado para una generación de adultos jóvenes que disfrutó de tantos eventos junto a DJs y amigos. Cuando la tribu se reúne, hay que invitar a todos. La consigna sigue siendo la misma de siempre: encontrarse y pasar un gran momento.