Fortaleza en la adversidad: la historia de Fernando Zeidan, el emprendedor que convirtió su sueño gastronómico en camino de vida
Capacitación, constancia y pasión por la cocina: el recorrido de un emprendedor que transformó desafíos en oportunidades.
Capacitación, constancia y pasión por la cocina: el recorrido de un emprendedor que transformó desafíos en oportunidades.
Criado en Junín, con una infancia en Orfila y el corazón siempre ligado a la cultura del trabajo, Fernando Zeidan construyó su camino paso a paso, demostrando que cuando hay vocación verdadera, las dificultades no frenan: fortalecen.
Nació en el seno de una familia numerosa: su padre, Omar, trabajaba en una bodega; su madre, Raquel, era ama de casa y repostera. Junto a tres hermanos y tres hermanas, creció en un hogar donde el esfuerzo cotidiano formaba parte de la vida. Cursó la primaria en la Escuela Neuquén de Orfila y el secundario en el Nacional del departamento de San Martín, donde ya empezaba a descubrir qué era lo que realmente le gustaba: la gastronomía.

Estudiar cocina de manera formal era costoso y no estaba a su alcance. Pero eso no fue un límite. “Era algo que soñaba y anhelaba”, recuerda. Por eso comenzó a capacitarse a través de cursos de turismo rural, siempre orientados a la gastronomía y muy vinculados al mundo del vino. Así dio sus primeros pasos.
Hace casi nueve años que se dedica al rubro de los food trucks. En ese tiempo ha recorrido gran parte de la provincia, participando en vendimias, festivales y celebraciones culturales y de colectividades. Cada evento fue una escuela y cada desafío, un aprendizaje.

Su primer gran proyecto gastronómico fue también el más audaz: un menú de inspiración vikinga y medieval. No fue algo improvisado. Hubo estudio, pruebas, recetas, investigación de mercado y una fuerte apuesta a lo temático. No solo ofrecían comida: construyeron una experiencia completa, con vestimenta, estandartes y ambientación. El público quedó sorprendido. Coincidía además con un contexto donde las series y el cine habían puesto de moda lo nórdico y lo medieval, e incluso en Mendoza crecían las recreaciones históricas. Mientras abundaban propuestas árabes o mexicanas, ellos ofrecieron algo distinto. Y funcionó.

“Fue un gran desafío y ahí comenzó la aventura vikinga, por la que muchos nos conocen”, cuenta.
Hace tres años decidieron reinventarse. Cambiaron el menú y apostaron por la focaccia, conectando con las raíces italianas de la familia. Detectaron que era un producto en crecimiento y eligieron refrescar la propuesta. La respuesta fue muy buena, aunque en el último tiempo muchos clientes les piden el regreso del menú vikingo original.

Detrás de cada food truck hay mucho más de lo que el público ve. La preparación de un evento comienza cuatro o cinco días antes: compras, producción, logística, conservación, armado. A veces deben planificar para trabajar tres o cuatro días seguidos en un festival. La inversión es grande y los riesgos también: el clima, las reprogramaciones y la temporada baja pueden cambiar todo. En los meses con menos actividad, sostienen el trabajo con eventos privados.

“Es un trabajo muy sacrificado, aunque desde afuera no siempre se percibe”, asegura.
Su historia es la de alguien que se formó desde la experiencia, los cursos y el trabajo constante, guiado por la pasión. Supo estudiar el mercado, animarse a propuestas diferentes, reinventarse cuando fue necesario y sostener su proyecto con esfuerzo diario. El reconocimiento en las Distinciones Inspiración no fue solo un premio: fue el abrazo de la comunidad a un camino construido con vocación, creatividad y perseverancia.
