Historia viva en calle Espejo: la casa que fue posta de viajeros y resiste al tiempo en San Martín

La pasión de un vecino por conservar la identidad y las raíces profundas de su pueblo.


En calle Espejo, del lado de General San Martín, se levanta una vivienda que no es simplemente una casa: es un fragmento intacto de la historia del departamento. Allí vive desde hace 25 años Silvano Adrián Spuri, custodio de un espacio que, según la tradición oral y los relatos de antiguos pobladores, fue posta entre San Luis y Mendoza, escuela rural y hasta lugar de bautismos.

La calle Espejo es una de las más antiguas del departamento. En el siglo XX, la vida giraba en torno al ferrocarril y esta arteria, paralela a las vías, era testigo del movimiento cotidiano: viajeros, trabajadores y familias que crecían al ritmo del tren. En ese contexto, la casa cumplió múltiples funciones sociales y comunitarias, convirtiéndose en un punto de referencia para la zona.

La construcción, íntegramente de adobe de 40 centímetros de ancho, conserva la esencia de la arquitectura cuyana tradicional. Spuri no solo la preservó: realizó una réplica y restauración respetando técnicas ancestrales. “Cortamos las cañas en la época justa para que no se pudran ni se partan”, explica. El proceso implicó un estudio minucioso de los antiguos constructores locales, de su conocimiento del barro, de la caña y de los tiempos de la naturaleza. Más que una obra, fue una experiencia de aprendizaje y reencuentro con saberes casi olvidados.

El bisabuelo de Silvano Spuri fue quien se desempeñó como encargado de la importante finca que funcionaba en ese lugar, donde también se guardaban los caballos, reflejo de la intensa actividad rural que caracterizaba a la zona en aquellos años. Hoy, para Spuri, este sitio es uno de los más antiguos de San Martín y merece ser revalorizado. En el predio se alza un imponente pimiento, en realidad un aguaribay macho autóctono, que según los relatos familiares, tendría más de 200 años: su bisabuela ya vivía allí en 1910 y recordaba que el árbol era grande en ese entonces. Por eso, su proyecto es claro: declarar el aguaribay patrimonio cultural del departamento y poner en valor la muestra permanente de construcción en adobe como parte del acervo histórico local, manteniendo viva la memoria y la identidad del pueblo.

Dentro de la vivienda, el tiempo parece detenido. Candados antiguos, herramientas rurales que ya no se fabrican, cuadros, láminas y objetos de uso cotidiano cuidadosamente conservados forman una colección cargada de significado histórico. “Me gusta recolectar y conservar cosas antiguas que tienen un valor más histórico que económico”, afirma.

La casa tiene: sus puertas están abiertas a quienes deseen visitarla y conocer una parte viva de la identidad sanmartiniana. En cada pared de adobe, en cada objeto preservado y en la sombra centenaria del aguaribay, late la memoria de un pueblo que creció alrededor del ferrocarril, del trabajo rural y de la vida comunitaria.

La historia no solo se cuenta: se cuida. Y en calle Espejo, gracias al compromiso de Silvano Adrián Spuri, sigue viva.



Seguí Leyendo...