Vendimia 2026: 90 cosechas de una misma cepa, una historia que sigue latiendo

La Fiesta Nacional de la Vendimia celebró sus 90 años con un espectáculo que unió tradición, innovación tecnológica y emoción colectiva en el Teatro Griego Frank Romero Day.


Hablar de la Fiesta Nacional de la Vendimia es hablar de historia viva. Este año, el Teatro Griego Frank Romero Day volvió a latir con una propuesta que recorrió el pasado, el presente y el futuro de nuestra tierra bajo un concepto claro: “90 cosechas de una misma cepa”.


El escenario se abrió mostrando al Teatro Griego como símbolo indiscutido de esta celebración. Las guitarras cuyanas comenzaron a sonar y las voces de trovadores cuyanos, referentes de nuestra música regional marcaron el pulso de la apertura, con dirección musical de Paito Figueroa, acompañado por grandes músicos mendocinos.


El clima era de emoción compartida. Las familias disfrutaban mientras las reinas nacionales de todos los tiempos volvían a pisar el escenario que alguna vez las vio coronarse. Mujeres que portaron la corona y que conocen, como pocas, el peso simbólico de representar a Mendoza ante todo el país.


La historia nos llevó entonces al origen. Era 4 de marzo de 1934. Sobre el escenario, dos figuras fundamentales de nuestra cultura cobraban vida: Guillermo Cano y Frank Romero Day. Ambos aparecían en la pantalla escribiendo el decreto  que daría origen a la fiesta que hoy nos convoca, sellando así el nacimiento de una celebración que uniría al pueblo mendocino alrededor del trabajo de la vid y la industria de sus frutos.


A partir de ese momento, el relato tomó un giro mágico: los espíritus del viento traían a Cano y Romero Day al presente. Confundidos pero maravillados, recorrían junto al público el crecimiento de aquella fiesta que alguna vez imaginaron.
Antes de llegar al espectáculo vendimial propiamente dicho, el guion nos llevó a recorrer las hileras de viñedos, el verdadero origen de esta celebración. Allí aparecieron las raíces profundas de la tierra mendocina y la presencia de las manos huarpes, recordando que el trabajo sobre la tierra es el primer capítulo de nuestra identidad.
El relato avanzó hacia los primeros años de la Vendimia. El viento nos llevó al año 1936 y a la aparición de Delia I, primera reina vendimial, símbolo de una tradición que comenzaba a consolidarse ese otoño.

 
La inmigración tuvo su momento en escena. Italianos y españoles discutían apasionadamente sobre cuál era el mejor vino, en un cuadro cargado de humor y energía. Aquella discusión simbólica terminaba revelando una verdad profunda: más que competir, las culturas se mezclaron para construir una identidad común. De esa mezcla nacieron nuestras tradiciones, nuestra cosecha… y nuestra fiesta.
El crecimiento de la Vendimia también se reflejó en las celebraciones populares. Los carros vendimiales, recordados en la pantalla del teatro Griego, evocaban el nacimiento de eventos como la Vía Blanca, mientras el Parque General San Martín se consolidaba como escenario fundamental de esta historia.


El espectáculo siguió avanzando por distintas épocas. La construcción del Teatro Griego en 1963 fue presentada como un sueño hecho realidad: el gigante de piedra que desde entonces sería el hogar de nuestra fiesta. Allí aparecía la reina nacional 2025, Alejandrina, bailando junto a Frank Romero Day, sellando simbólicamente el pacto entre pasado y presente en el teatro que lleva su nombre.


El homenaje continuó nombrando Abelardo Vázquez y su innovación técnica que iluminó cerros y escenario, marcando una nueva etapa estética para la fiesta. Uno de los momentos más recordados llegó con la evocación de la histórica Vendimia de Cristal de 1971, un hito artístico que quedó grabado en la memoria cultural de Mendoza.


El escenario se llenó luego de símbolos patrios. Los granaderos, los trabajadores de la tierra y el ambiente vendimial pensando en José de San Martín con el vínculo entre la Vendimia y la historia nacional.
La consagración llegó en 1973, cuando la celebración pasó a ser oficialmente la Fiesta Nacional de la Vendimia. En ese momento, más de 30 mil personas acompañaron un instante profundamente emotivo: el público coreando Zamba de mi esperanza, una de las canciones más queridas de nuestra música popular y el crecimiento de la fiesta a pasos agigantados .


La llegada de la democracia también tuvo su espacio en el relato, mostrando cómo la fiesta continuó creciendo y conquistando nuevos corazones en todo el país.
En lo visual, uno de los momentos más celebrados fue el vestuario  pensado por Pablo Perri y claramente su equipo donde las bailarinas formaban figuras que parecían convertirse en escarapelas sobre el escenario. Un gesto creativo que hizo vibrar al público cada vez que se desplegaba en el tradicional pericón.


La música volvió a sorprender con una reinterpretación del Canto a Mendoza en un estilo moderno cercano al jazz y al teatro musical, demostrando que la Vendimia también se anima a dialogar con nuevos lenguajes artísticos. Pero el relato no evitó un conflicto. En un giro dramático, apareció el verdadero villano de la historia: el olvido. No el granizo, ni las tormentas, ni las dificultades del trabajo rural. El enemigo más peligroso era olvidar de dónde venimos.


Frente a ese peligro, el espectáculo propuso una respuesta colectiva: la memoria y la fe del pueblo mendocino. En uno de los momentos más emotivos de la noche, el escenario quedó en silencio. En el centro apareció una rosa cerrada. Familias y productores se acercaban lentamente mientras la orquesta comenzaba a entonar la melodía dedicada a la Virgen de la Carrodilla. La rosa se abría y allí aparecía ella, iluminada como símbolo de esperanza para quienes trabajan la tierra.


El mensaje era claro: la Vendimia crece cuando hay unidad y memoria.
Finalmente, Cano y Romero Day comprendían que la fiesta que alguna vez soñaron ya no les pertenecía solo a ellos. Ahora era del pueblo. Del pasado, del presente y del futuro.


La despedida llegó con "Bachus", acompañada por un malambo final, fuentes encendidas y cajas lumínicas iluminando el Teatro Griego.
La innovación tecnológica también tuvo su lugar con un show de drones que dibujó en el cielo símbolos de nuestra historia: la cepa, los cosechadores, el rostro de San Martín, Delia I y el brindis mendocino.

El cierre fue tan simple como poderoso:
Mendoza es Vendimia.
90 cosechas de una misma cepa.
1936 – 2026.

Gracias a Pablo Perri y a todo su equipo por una nueva fiesta más, una historia que invita a reflexionar sobre el olvido, nuestra historia y su gente... Feliz Vendimia 90°



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