Del vino a la pasión deportiva: la historia de David Palma, esfuerzo, superación y nuevos caminos

La historia de David Palma, marcada por el trabajo familiar, la educación y las oportunidades que brinda el mundo del vino y el deporte


David Palma nació y creció en Alto Verde, entre calles de tierra como El martillo, Leiva y Suárez, en una comunidad donde el esfuerzo no era una opción, sino una forma de vida. En aquellos años, las familias trabajadoras recorrían finca tras finca en busca del sustento diario, y la suya no era la excepción. Sus padres, Miguel y Teresa, dedicaron su vida a la vitivinicultura, sembrando en él, desde muy pequeño, el valor del trabajo y la constancia.

Su historia con el vino comenzó en la escuela Moisés Chade, conocida en su momento como la vieja Escuela Castelli. Allí se cursaba en doble jornada: por la mañana la primaria y por la tarde la secundaria. Ese espacio no solo fue educativo, sino también formativo en lo humano y lo profesional. Fue allí donde empezó a vincularse de lleno con la cultura del vino, rodeado de compañeros y referentes que ya formaban parte de ese mundo.

Para David, el vino representó mucho más que una tradición: fue una oportunidad concreta de crecimiento. Sus primeros pasos laborales estuvieron ligados a la enología, lo que le permitió proyectarse hacia un futuro diferente. La escuela cumplió un rol clave, brindándole herramientas técnicas y la posibilidad de realizar prácticas profesionalizantes que marcarían su camino.

En ese proceso, tuvo una participación activa en Codevin, la Comisión de Desarrollo y Difusión del Vino, donde los estudiantes comenzaban a realizar prácticas desde cuarto año. Durante seis años de formación, David adquirió experiencia en bodegas, muchas veces cercanas a su hogar, lo que facilitó un aprendizaje real, cercano y comprometido con la actividad.

Una de las vivencias más enriquecedoras fue el servicio del vino organizado por Codevin. Durante alrededor de 20 noches, los estudiantes compartían espacios con enólogos, escuchando sus análisis, interpretaciones y evaluaciones de cada cosecha. Allí no solo aprendió sobre vinos, sino que incorporó herramientas de análisis organoléptico fundamentales para su desarrollo profesional.

También formó parte del Plan Bonarda, una iniciativa que combinaba promoción y aprendizaje en torno a una de las cepas emblemáticas de la región. Con el tiempo, y ya como egresado, continuó vinculado a espacios de evaluación y crecimiento dentro del sector.

Gracias a todo ese recorrido, logró desempeñarse como analista en Bodega Milordo, dando un paso importante en su carrera. Uno de los momentos más significativos fue su participación en la presentación del Plan Bonarda en el Hotel Hyatt, una experiencia que reflejó el camino construido con esfuerzo y dedicación.

Pero la historia de David no se detiene en el vino. Desde siempre sintió una fuerte conexión con el deporte. En Alto Verde se encontraba el velódromo, único en la provincia en su momento, y fue allí donde comenzó a dar sus primeros pasos en la actividad deportiva. Lo que empezó como una actividad recreativa, pronto se transformó en competencia, participando tanto a nivel federado como libre.

El ciclismo le abrió puertas más allá de lo deportivo: le permitió integrarse socialmente, hoy integrando la ACM junto a su  amigo Fernando Lanzone  fortaleciendo vínculos y generar nuevas oportunidades para el deporte pedal de Mendoza. Esa misma disciplina y compromiso que aplicó sobre su vida compartiendo esta inciativa con amigos y familiares.

Con el paso del tiempo, dejó el ciclismo competitivo, pero su vínculo con el deporte continuó. A través de sus hijos, que comenzaron a jugar al fútbol, volvió a involucrarse desde otro lugar. En ese camino apareció el arbitraje, un desafío completamente distinto, pero igualmente apasionante.

Ser árbitro implicó asumir un rol de gran responsabilidad dentro del campo de juego: interpretar el reglamento, tomar decisiones en segundos y conducir el desarrollo del partido con autoridad y criterio. En este proceso, reconoce especialmente el apoyo de Fernando Espinosa, quien le abrió las puertas en Mendoza y lo incorporó a la Asociación de Árbitros(ACAMA)

Desde allí, comenzó a participar en la Liga Mendocina y en distintos torneos regionales, consolidando su experiencia en el ámbito deportivo. También destaca el crecimiento de árbitros de la zona Este, como Cristian Navarro , Adriel Araya y Jorge Etem, reflejo del potencial que existe en el interior.

Hoy, David continúa proyectándose. Está trabajando en microvinificaciones en distintas regiones, apostando a la innovación y a la creación de marcas propias y para terceros. Sabe que el contexto actual presenta desafíos, especialmente en un año complejo como 2026, pero también entiende que existen grandes oportunidades.

“Los vinos del Este son muy bien recibidos en todo el mundo”, afirma, convencido de que la región tiene un enorme potencial para seguir creciendo. Para él, es fundamental visibilizar la zona, apostar al desarrollo comercial y poner en valor no solo el producto, sino también el capital humano y las historias que lo rodean.

Porque si algo define a David Palma, es su capacidad de transformar cada experiencia en aprendizaje. Desde las viñas de Alto Verde hasta las pistas de ciclismo, desde el laboratorio enológico hasta el arbitraje en una cancha, su historia demuestra que cuando hay pasión, esfuerzo y compromiso, los caminos siempre se abren.

Y en ese cruce entre el vino y el deporte, entre la tradición y los nuevos desafíos, sigue construyendo su propio destino.



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