Entre el sol y la tierra: la vida de puestero que da forma a “El Molino”
Sergio Daniel González impulsa un proyecto con identidad rural en La Menta, donde el trabajo, la naturaleza y los sueños se entrelazan con la esencia mendocina.
Sergio Daniel González impulsa un proyecto con identidad rural en La Menta, donde el trabajo, la naturaleza y los sueños se entrelazan con la esencia mendocina.
Hace siete meses, Sergio Daniel González comenzó a dar vida a su emprendimiento, un proyecto tan ambicioso como auténtico: “El Molino”. Oriundo de San Martín, hace un año adquirió los terrenos donde hoy se levanta este espacio cargado de identidad, ubicado en La Menta, en el límite entre Santa Rosa y La Paz, justo en la unión de ambos departamentos.

“El Molino” no es solo un campo, es un lugar donde se respira la esencia de nuestra tierra, donde la tranquilidad se siente en cada rincón y donde el tiempo parece acompañar el ritmo de la naturaleza. Allí, Sergio no solo desarrolla su actividad productiva, sino que también comparte su experiencia y su forma de vida: la del puestero.


“Es un trabajo muy ligado a la luz”, cuenta. Y es que la jornada comienza con la salida del sol y finaliza cuando este se esconde. No hay feriados ni pausas: la presencia es constante, tanto de día como de noche. La vigilancia es clave, ya que en la zona pueden aparecer depredadores como pumas, jabalíes o pecaríes, e incluso personas inescrupulosas. Por eso, las rondas nocturnas son parte de la rutina, especialmente en invierno, cuando el frío vuelve todo más exigente.



En este entorno, la compañía se vuelve fundamental. Los perros, fieles guardianes y compañeros, y el mate, siempre presente, son parte de ese ritual cotidiano que le da calor humano a la inmensidad del campo.


El emprendimiento abarca dos campos: Deolinda y El Molino, sumando unas 2.500 hectáreas. Allí se desarrolla la ganadería de invernada, trabajando actualmente con vacas y caballos. Los terneros se crían hasta alcanzar un peso de entre 170 y 180 kilos, momento en el que son vendidos y trasladados a feedlots, donde completan su desarrollo hasta llegar a faena.


Pero el sueño de Sergio no se detiene ahí. Su mirada está puesta en el futuro, con la intención de incorporar una propuesta gastronómica que permita a visitantes disfrutar del lugar, desconectarse de la rutina y vivir una experiencia auténtica en contacto con la naturaleza.

“El Molino” empieza a consolidarse así como mucho más que un emprendimiento productivo: es un proyecto de vida, donde el esfuerzo diario, el amor por la tierra y la búsqueda de nuevos horizontes se combinan para construir un espacio único en el Este mendocino.
