Carlos Campi, un corazón gigante en San Martín
Entre recuerdos, amistades y la calidez de lo cotidiano, una historia simple que refleja el alma de un pueblo
Entre recuerdos, amistades y la calidez de lo cotidiano, una historia simple que refleja el alma de un pueblo
Nacido en 1961, en el entonces hospital ubicado en la intersección de las calles Almirante Brown y Sarmiento, espacio que hoy ya no funciona como tal, Carlos Palmiro Campi es, sin dudas, una de esas personas que forman parte del paisaje humano de San Martín. Hijo de Carlos Campi y Olga Nélida Guerrero, creció en una familia trabajadora que tenía su verdulería en calle Las Heras, un punto de encuentro barrial que marcó sus primeros años.

Su infancia transcurrió entre juegos, amistades y recuerdos que aún conserva con nitidez. Cursó la primaria en la escuela Tomás Prisco, donde guarda un cariño especial por sus maestras, las señoritas Tiviroli, Ambrosio y Melaj y por sus compañeros, con quienes, pese al paso del tiempo, mantiene el vínculo. “Cada tanto nos juntamos, y el año que viene ya tenemos pensado volver a reunirnos”, comenta con una sonrisa que mezcla nostalgia y alegría.


La adolescencia lo encontró en la escuela Comercial, mientras sus tardes se llenaban de escenas entrañables: mirando El Zorro en la televisión o escuchando música de Raiván Pérez y Los Enanitos Verdes, sonidos que marcaron toda una época en el Este mendocino.
Hoy, su presente lo encuentra trabajando en la venta de juegos como Quini, Loto y Telekino, además de realizar trámites por encargo, siempre dispuesto a dar una mano. Pero si hay un lugar que lo define en la actualidad, es el café Viser, donde se ha ganado un lugar especial. “Soy el cliente número uno”, dice entre risas. Frecuenta el espacio desde sus inicios, cuando estaba en la esquina de Nogués y Boulogne Sur Mer. “Vengo todos los días a desayunar… y no me cobran, soy cliente vitalicio. Yo les traigo los clientes”, bromea.
Conoce la historia del lugar casi tanto como sus dueños, a quienes vio crecer desde sus primeros trabajos, mucho antes de que el café tomara forma. Esa cercanía habla de su esencia: la de alguien que siempre está, que acompaña, que construye vínculos.

Entre sus muchas amistades, recuerda con especial emoción a quienes ya no están, como Carlos Crotta, cuya ausencia aún se siente profundamente. Evoca también, con una mezcla de nostalgia y afecto, aquellas charlas compartidas en la sencillez de lo cotidiano, momentos que con el paso del tiempo se transforman en recuerdos imborrables.

Su historia también quedó retratada por su amigo Enrique Medina, testimonio de una vida atravesada por afectos, encuentros y anécdotas.
Carlos Campi está próximo a cumplir años y, con la jubilación en el horizonte, sueña con celebrarlo a lo grande. Porque si algo le sobra, es gente con quien compartir.
Así lo define Carlos Fuertes: “Es el mejor informador y localizador de personas, ya es parte del paisaje sanmartiniano”. Y no es exageración. Porque hay personas que no solo habitan un lugar, sino que lo representan. Y Carlos, sin dudas, es una de ellas.
