Nacido en San Martín en 1986, Andrés Aldrighetti descubrió desde muy pequeño que el arte sería mucho más que una pasión: sería su forma de comprender el mundo, de conectar con las personas y de dejar una huella en su comunidad.
Su infancia transcurrió entre distintas escuelas, incluso durante un tiempo en Bahía Blanca. Sin embargo, fue en la Escuela República de Italia donde comenzó y culminó sus estudios. Allí también empezó a escribir una de las páginas más importantes de su vida.
Hijo de un empleado público y de una madre con una profunda sensibilidad artística, Andrés reconoce que gran parte de su vocación nació en su hogar. Comparte su vida con su hermano, Cristian, y sus hermanas, Cami y Meli. Sin embargo, fue otra mujer quien marcaría para siempre su destino.
"Mi acercamiento al arte fue a través del folclore gracias a mi abuela Vicenta. Ella amaba el folclore y, por circunstancias de la vida, fue quien me crió. Todo comenzó con ella", recuerda con emoción.
Ese amor lo llevó a integrar el grupo folclórico Aguas Claras, de la Escuela República de Italia, bajo la guía de Sonia Scarton, a quien recuerda con enorme cariño y gratitud.
"Ahí comencé como bailarín. Esa experiencia me abrió las puertas para recorrer distintos escenarios del país y conocer lugares que jamás imaginé."
Entre los recuerdos más valiosos de aquellos años aparece uno imborrable: la oportunidad de compartir un escenario con el reconocido cantor Argentino Luna.
"Fue uno de esos momentos que te cambian la vida. Conocer a un referente tan importante del folclore me motivó a seguir creciendo."
A partir de allí nunca dejó de explorar nuevos caminos. Aprendió piano y guitarra, participó en distintos grupos musicales y descubrió otra de sus grandes pasiones: el teatro.
Los escenarios comenzaron a multiplicarse y también las amistades. Entre ellas recuerda especialmente a los hermanos Vílchez, con quienes compartió innumerables experiencias recorriendo distintos lugares simplemente por el placer de cantar y hacer arte. Todo ese recorrido despertó una inquietud aún mayor: generar espacios para que otros artistas pudieran mostrar su talento.
Así nació La fabrica de Sueños, un proyecto audiovisual creado junto a Carolina Villalobo, estudiante de la carrera de Comunicación Audiovisual. "Veíamos que en Mendoza existía muchísimo talento, pero muchas veces no tenía espacios de difusión. Entonces pensamos en crear un contenido visual para contar las historias de esos artistas y mostrar todo lo que había detrás de sus obras."
La propuesta fue creciendo con el tiempo y comenzó a sumar estudiantes de la carrera audiovisual, transformándose en un verdadero espacio colectivo de creación.
Durante estos años han recorrido gran parte del territorio mendocino registrando actividades culturales que muchas veces quedan fuera de los grandes circuitos comerciales.
"Hemos mostrado músicos, pintores, bailarines, raperos, exponentes del freestyle; realizamos videoclips para bandas y difundimos propuestas que merecen ser conocidas por su enorme calidad y por representar la identidad de nuestra región."
Hoy, Andrés continúa ampliando sus horizontes creativos. Se encuentra escribiendo guiones para producciones audiovisuales de formato corto, una disciplina que define como una forma de expresar emociones y contar historias.
"Es muy parecido a realizar un cortometraje. Siempre hay algo para decir. Es un estado de expresión, un flow creativo donde uno cuenta desde el arte."
Su trabajo también lo ha llevado a entrevistar a músicos, actores e integrantes de importantes producciones audiovisuales, entre ellas la exitosa serie El Eternauta, además de desarrollar contenidos para comercios, instituciones, funcionarios y diferentes personalidades.
Sin embargo, cuando se le pregunta cómo se define, la respuesta llega sin dudar."Me considero un artista. El arte expresa, cura, conecta y abraza a distintas generaciones. Soy músico, actor, director de teatro y creador de contenidos. A través de todo eso intento manifestar lo que siento.
" Mirando hacia el futuro, Andrés tiene un objetivo muy claro: seguir creando, acompañar a otros artistas y formar nuevas generaciones a través de talleres donde puedan descubrir el poder transformador del arte.
"Quiero seguir creciendo en este oficio, colaborar con más artistas y ayudar a formar personas que encuentren en el arte una forma de expresarse. Mi objetivo siempre será más colectivo que individual. Humanizar también es una manera de hacer arte."
La historia de Andrés Aldrighetti demuestra que el verdadero artista no es solamente quien sube a un escenario, sino quien abre caminos para que otros también puedan hacerlo. Porque cuando el talento se pone al servicio de la comunidad, el arte deja de ser un espectáculo para convertirse en una herramienta capaz de inspirar, unir y transformar vidas.
Un especial reconocimiento a los propietarios de Viser por abrir las puertas de su espacio y acompañar el ciclo de entrevistas de Diario Cultura y Sabores. Su cálido recibimiento, la hospitalidad brindada y el compromiso con la difusión de la cultura hicieron posible que cada encuentro se desarrollara en un ambiente cercano y enriquecedor.