Cortinas forestales: una barrera natural que protege los cultivos y recupera los suelos del Este mendocino

Una práctica tradicional que vuelve a tomar fuerza para proteger los cultivos del viento, conservar los suelos y mejorar la producción


Cuando los primeros inmigrantes llegaron a esta región, trajeron consigo mucho más que sus historias, sus costumbres y sus esperanzas. También llegaron conocimientos y prácticas agrícolas que, en muchos casos, todavía no se utilizaban en estas tierras y que, con el paso del tiempo, terminarían siendo fundamentales para transformar el paisaje productivo del Este mendocino.

Aquellos hombres y mujeres conocían el trabajo de la tierra y sabían que, antes de producir, era necesario preparar el suelo, manejar el agua y, especialmente, proteger las plantaciones de las condiciones climáticas. Hace alrededor de 50 años, muchas de las tierras que hoy forman parte de una importante zona productiva todavía no estaban cultivadas. El productor que adquiría un terreno debía comenzar prácticamente desde cero: nivelarlo, mejorar sus condiciones, instalar sistemas de riego y generar todo lo necesario para que una plantación pudiera desarrollarse.

Entre esas prácticas se encontraba la instalación de cortinas forestales, principalmente de álamos, alrededor de las plantaciones. Su función era reducir la fuerza del viento y evitar que las partículas superficiales del suelo fueran arrastradas. En una región donde las ráfagas pueden alcanzar velocidades cercanas a los 100 kilómetros por hora, esta protección resulta fundamental.

El viento no solamente puede afectar directamente a una planta. También puede arrastrar las partículas superficiales del suelo y modificar la nivelación de los terrenos, alterando incluso el trabajo realizado para que el agua de riego pueda distribuirse correctamente. De esta manera, aquellos conocimientos agrícolas fueron construyendo, con el paso de las décadas, buena parte de la riqueza productiva que hoy caracteriza al Este mendocino.

Las antiguas prácticas no se limitaban únicamente a colocar árboles. También se utilizaban cultivos como la alfalfa para preparar y enriquecer el suelo antes de establecer un viñedo. La alfalfa permitía mejorar las condiciones del terreno y aportar materia orgánica, mientras que su sistema radicular favorecía la actividad microbiológica del suelo. Una vez preparado el terreno y establecidas las condiciones necesarias, llegaba el momento de plantar los viñedos.

Ese modelo de trabajo permitió que tierras que inicialmente presentaban grandes dificultades pudieran convertirse progresivamente en espacios productivos. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas de aquellas prácticas comenzaron a perderse.

Hoy, los productores vuelven a observar con preocupación los efectos que los fuertes vientos generan sobre las plantaciones. Uno de los ejemplos más claros puede observarse en cultivos como el tomate. Durante los episodios de viento Zonda, la elevada evaporación provoca una rápida pérdida de agua en las plantas, pudiendo secar flores y afectar directamente el desarrollo del cultivo. Cuando esto ocurre, el productor debe intervenir rápidamente mediante el riego para compensar esa pérdida de humedad.

Por eso, recuperar las cortinas forestales significa también recuperar una herramienta de protección productiva que durante décadas acompañó el desarrollo agrícola de la región.

Con ese objetivo, hace cinco años comenzó a desarrollarse una iniciativa impulsada por el ingeniero Julio Anconetani, que permitió recuperar y distribuir estacas de álamo entre productores de la región. El programa surgió a partir de la posibilidad de acceder a estacas provenientes del vivero provincial ubicado en Malargüe, dependiente de Recursos Naturales de Mendoza.

Desde entonces, se fueron trasladando diferentes partidas, algunas de entre 25.000 y 30.000 estacas, destinadas gratuitamente a los productores. Durante el último año se alcanzó un acumulado de aproximadamente 103.000 estacas entregadas, mientras que para esta nueva etapa ya se solicitó una partida de otras 30.000.

El traslado cuenta con el acompañamiento de EDESTE, que aporta el combustible, mientras que los productores colaboran, en algunas ocasiones, con vehículos y también con la adquisición de los elementos necesarios para preparar y atar las estacas.

La intención es sencilla, pero de gran impacto: que el productor pueda acceder gratuitamente a los árboles necesarios para comenzar a reconstruir sus propias cortinas forestales.

Las estacas tienen aproximadamente 30 centímetros y se colocan a una distancia cercana al metro y medio entre sí, formando una línea. La correcta orientación y ubicación son fundamentales para que la cortina pueda cumplir su función frente a los principales vientos y fenómenos climáticos de la zona.

Cuando recibe el agua y los cuidados necesarios, una estaca puede alcanzar alrededor de un metro y medio durante su primer año y comenzar a brindar protección. Con el paso del tiempo, los álamos pueden alcanzar aproximadamente 20 metros de altura, formando verdaderas barreras naturales frente al viento.

De esta manera, el productor comienza a obtener beneficios en el mediano plazo, mientras la cortina continúa creciendo.

Anconetani recuerda también una experiencia realizada hace aproximadamente 20 años en la zona de calle Morón y Montecaseros, donde se plantó una cortina de álamo chileno. Aquella plantación todavía cumple su función. Esta variedad demora en perder sus hojas y brinda protección frente a los vientos fríos, mientras que en primavera se encuentra entre las primeras especies en comenzar a brotar.

Es un ejemplo concreto de que una cortina forestal no es una inversión de corto plazo, sino una infraestructura natural que puede acompañar a varias generaciones de productores.

La entrega de las estacas se organiza mediante las inspecciones de cauce, que cuentan con registros de los productores de cada zona. A través de ellas se comunica la disponibilidad y se reciben las solicitudes, facilitando que las estacas lleguen a quienes realmente las necesitan.

En este proceso resulta fundamental la articulación entre los productores, EDESTE y Recursos Naturales de la Provincia. EDESTE, además, posee una estructura de carácter cooperativo, en la que participan las cooperativas de la región a través de sus representantes, y tiene a su cargo la distribución de energía eléctrica en buena parte del territorio.

El acompañamiento para trasladar las estacas representa así una contribución concreta para que los productores puedan mejorar sus condiciones de producción.

Las cortinas forestales son mucho más que una fila de árboles. Son una herramienta para disminuir la velocidad del viento, proteger los cultivos, reducir la erosión, conservar el suelo y ayudar a disminuir las pérdidas de agua.

Pero también representan parte de una historia productiva que comenzó con aquellos inmigrantes que llegaron a estas tierras trayendo conocimientos agrícolas y aplicando técnicas que terminaron transformando un territorio.



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