27 de septiembre de 2020

La pasión por el café y la literatura en palabras de dos escritores peruanos

Una conversación sobre literatura fantástica con mi gran amigo José Donayre



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Esta vez trataré de no divagar en una conversación sobre literatura fantástica con mi gran amigo José Donayre, intentaré reprimir algunos afectos y entusiasmos, aunque es un poco difícil cuando, además de la literatura, nos une la pasión por el café. 

El café y la literatura son parte de mi vida y mis sueños, la inspiración que ejercen esas volutas aromáticas es solo comparable con la lectura de algunos de los cuentos o novelas escritas por José, en los que se refleja la transformación tanto interior como exterior de la persona. Quizá sea la influencia de Kafka y su consecuente admiración por este escritor o viceversa. Lo cierto es que nunca estuve de acuerdo con la traducción en español de su obra cumbre. En simple alemán, la traducción más justa de «Die Verwandlung» sería «La transformación». Esta precisión es importante y oportuna para comprender el trasfondo del nuevo proyecto de José.

Kafka no quiso publicar en vida y encargó que destruyeran su obra. El caso de Virgilio es muy parecido: él también encargó a sus amigos que destruyeran la inconclusa «Eneida». La desobediencia de estos hizo, felizmente para nosotros, que la obra de ambos se conservara. Además, sospecho que ni Virgilio ni Kafka querían en realidad que sus obras acabaran en el fuego. 

Escritor, editor y gestor cultural peruano, José es también artífice de la marca Cafca, un café especial de origen Chanchamayo, blend de las variedades catuai, caturra, pache y borbón. El hecho de que denomine así a uno de los mejores perfiles de café peruano va más allá del simple homenaje. Subraya sobre todo la simbiótica relación entre la literatura y el café. 

Tuve la oportunidad de catar recientemente este café. Esto significó percibir su fragancia y fundirme en su aroma, saborear sus notas amargas, ácidas y dulces, y dejarme llevar por su cuerpo sedoso y fuerte. Esta nueva marca de café peruano de exportación estaría llegando a Argentina a mediados de 2021. Aquí el registro de parte de nuestra interesante conversación sobre estos proyectos y otros planes en torno a Cafca y el café peruano.

 

Iván Nolazco (I.N.): Estoy convencido de que la relación entre la literatura y el café va más allá de un mito. ¿En qué consiste este vínculo para José Donayre?

José Donayre (J.D.): Te voy a responder desde mi experiencia (como consumidor de café y habitual concurrente a establecimientos que giran en torno de esta bebida), y un poco a partir de lo que alguna vez investigué, observé y propicié: me gusta creer que hay una relación de cooperación entre estas dos pasiones. Hay mucho de misterio y sinergia entre la literatura y el café. Se podría decir que el café estimula la escritura creativa, pero también la creación literaria te impulsa y hasta obliga a saborear esta bebida durante el proceso de producción. Leer o escribir con un café al lado genera un espacio mágico y único. Cuando dejé de fumar me volví muy improductivo, no por el cigarrillo en sí, sino porque también había dejado de beber café. Mi creatividad se fue regulando a medida que fui consumiendo nuevamente café. ¿Es una cuestión fetichista? Sin duda que sí. Bueno, ¿y qué? 

I.N.: Puede ser un fetiche, pero para mí es el punto de equilibrio entre la realidad y el sueño, el combustible de mi imaginación. Ahora, si es peruano y se llama Cafca, mejor aun. 

J.D.: Concuerdo y agradezco, pero mejor incluso si presenta también otras virtudes por apreciar, que es lo que desde hace mucho tiempo he querido imprimir al desarrollar el producto y contextualizarlo bajo una marca que pretende reflejar el espíritu de un proyecto mayor.

 

I.N.: ¿Cómo llegas a incursionar en el mundo del café?

J.D.: La selva central peruana siempre me ha atraído, pero en la década de 1980 y parte de la de 1990 era un destino impensable por el peligro que suponía encontrarse con una columna terrorista o ser tomado por subversivo por efectivos del Ejército. A partir de 2000, con la pacificación del país, las condiciones fueron mejorando, pero no llegué a concretar ningún viaje a esa zona. Entre 2012 y 2013 me empecé a interesar en el proyecto cafetalero de Jean-Stephan Clerc, un amigo suizo que ha echado literalmente raíces en el Perú. A comienzos de 2014 lo visité en San Luis de Shuaro (un distrito de la provincia de Chanchamayo, en la región Junín) y quedé muy impresionado tanto por el desarrollo de su finca como por la belleza del lugar. Así conocí la denominada ruta del café, comprendí su dinámica y valoré su enorme potencial. Un año y medio después, como probando, compraba mi primera hectárea en el Parque Nacional del Café de la Cuenca del Palomar. Lo curioso es que hace unos tres o cuatro años descubrí que mi bisabuelo Arturo Molinari, un escritor genovés que partió hacia el Perú a finales del siglo XIX, en sociedad con un amigo de infancia, llegó a Chanchamayo, se hizo de una finca que llamó Giuseppe Garibaldi y produjo café durante algunos años. De manera que mi pasión por la literatura y el café es una cuestión genética.

 

I.N.: ¿Se podría decir que la edición del libro «El misterioso Valle del Puma. Diez relatos sobre el café» acentuó tu vínculo con este producto?

J.D.: Sin duda que sí. Ese libro, en el que tuve el gusto de contar contigo, con el cuento “Luces en Ayari”, fue parte de mi crecimiento en el mundo del café. Este proyecto literario, que se publicó bajo mi sello editorial (Maquinaciones Narrativa), a comienzos de 2016, me llevó a conocer los alcances de la Central de Organizaciones Productoras de Café y Cacao del Perú (Central Café & Cacao), la dedicación de sus directivos y el importante trabajo de esta entidad que redunda en mejores oportunidades para el agricultor. Lo cierto es que muchas familias peruanas dependen del café, y este libro de diez ficciones refleja la complejidad de su producción, así como la magia y misterio del ciclo agrario y el ondulante derrotero que supone la ruta del café. Esta experiencia editorial me permitió conocer que el café peruano no se reduce a la selva central peruana, suerte de corredor verde que involucra varias regiones (principalmente Junín, Pasco y Huánuco), sino a más departamentos del norte y sur con producciones igual de valiosas, finas y especiales. Por otra parte, la edición de «El misterioso Valle del Puma» me permitió confirmar que la relación café-escritura es real y muy estrecha.

 

I.N.: La edición de ese libro fue el inicio de una nueva forma de ver el marketing cafetero, la identidad de un producto en una tradicional relación entre literatura y café. Muy buenos recuerdos que compartimos, siempre junto a una buena taza de café. Un proyecto narrativo que llamó mucho la atención, integrado por textos de diferentes registros ficcionales, que van de lo realista a lo fantástico, y explican de particular manera la dimensión social de una bebida que enfatiza el carácter de sus consumidores, al impulsar, generar o estimular sus más grandes sueños. El café encierra (y es) una magnífica metáfora que nos recuerda que los momentos más amargos de la vida pueden contener las más maravillosas oportunidades para el crecimiento y el desarrollo, o sea, la transformación de cada quien. Cómo tomar estas solo es cuestión de saber interpretar nuestras propias necesidades e intereses. Para mí va mejor sin azúcar. 

 

I.N.: ¿Qué es Cafca?

J.D.: Cafca es enfatizar lúdicamente el vínculo entre el café y el quehacer literario. Este nombre es resultado de reescribir el apellido de uno de mis escritores favoritos, pero también sugiere otras cosas (tanto mi interés en el café y el cacao como entre el café y las cabañas). Cafca, más que una marca o nombre comercial de un café de altura, orgánico y especial producido en una zona de larga tradición cafetalera, es también un concepto que me ha llevado a incursionar en el mundo del hospedaje. Así nació el Proyecto Cafca, un alojamiento-refugio de montaña dedicado a la escritura creativa. Esperaba inaugurar esta residencia para escritores en julio de este año, pero la llegada de la pandemia ha retrasado mis planes. Este hospedaje de altura (exactamente a 1800 msnm), diseñado bajo los principios de la permacultura y el turismo creativo, se ata también a diversas actividades comerciales y culturales, en una zona biodiversa y de particular acervo. Hablamos de producción de bambú, de cosecha de suillus, de crianza de tilapias, de rescate de abejas sin aguijón, de exposición de orquídeas y de reforestación con pino. Asimismo, de avistamiento de aves, de proyección de películas al aire libre, de desarrollo de talleres de escritura y clubes de lectura, de impulso de la biblioteca comunal, de contacto con etnias de la zona, de acopio de mitos y leyendas, y de salvaguarda de saberes ancestrales, entre otras iniciativas. Todo esto (y cosas que aún no imagino ni proyecto) es Cafca.

 

I.N.: Tu admiración por Kafka, en cuanto transformación personal y profesional, me recuerda a la que sufre el grano de café. Es admirar la sencillez de la naturaleza y la razón de la vida de contener tanto en tan poco. Es la batalla ganada a la tierra, al agua, al viento y al fuego.

J.D.: Interesante metáfora. En realidad, los libros y el café, como otros productos culturales, esconden inimaginables costuras. Apenas vemos la punta del iceberg. Tras un libro hay un larguísimo proceso. Los mejores libros son los que transforman tanto al autor como al lector. Lo mismo ocurre con el café, y el aporte del mío, estoy convencido, se consigue con una vuelta de tuerca muy especial.

 

I.N.: ¿Cómo ves el desarrollo del café en Argentina?

J.D.: Argentina es un país con consumidores informados y exigentes, y tanto el aprecio como el consumo del café no es reciente ni obedece a una moda pasajera. Hay una antigua presencia de establecimientos donde el café es el eje de una compleja dinámica de consumo, a la que se suman nuevas propuestas y estilos en cuanto ambientación de locales, ofrecimiento del servicio y preparaciones. Sobre esto último, hay muchos elementos que entran en juego, en el que la elección de un método va de la mano con un mayor conocimiento del producto. Además, circula mucha información y tecnologías, y los consumidores no apuntan solo a lo bueno sino a la excelencia de lo casi perfecto. Este escenario va en aumento, pero el reto es grande. No se puede pretender entrar con un producto estándar o clásico de empaque atractivo gracias a un buen diseño. Lo realmente importante es lo que hay adentro y que es resultado de buenas prácticas agrarias (sin químicos y de precio justo). En ese sentido, la valla es realmente alta, pues el engaño solo se puede sostener por un momento. En el mundo del café especial, el Perú ha demostrado estar a la altura de las circunstancias. Mi producto se circunscribe en ese microclima que promete una experiencia, con garantía de aroma, sabor y trascendencia, y Argentina cada vez se cierra más y más a buscar productos elaborados con ese elevado nivel. Es un desarrollo en aumento, sin duda, pero su satisfacción no será cubierta solo por la cantidad sino en estrecha relación con la calidad. Es, en resumen, un desarrollo que exige ser muy competente y, sobre todo, creativo. 

 

I.N.: Argentina es un país artístico por excelencia, cuna de grandes escritores, país que albergó los primeros cafés culturales de América, donde sus paredes guardan el recuerdo de Borges, Cortázar, Storni y tantos genios de la literatura universal...

J.D.: Estoy seguro de que mi café de altura hubiese sido muy apreciado por esos grandes.

 

La entrevista quedó corta. Siempre será un honor conversar con mi gran amigo José Donayre y dar a conocer los proyectos que nos permiten soñar. El café nos unió en un libro; ahora nos acerca en la presentación de uno de los mejores perfiles de café peruano para el mundo. Gracias, José Donayre, y hasta muy pronto.

Iván Nolazco