21 de agosto de 2020

Un café en prensa después de una Rayuela

Los amantes del café siempre estamos en la búsqueda del mejor método para disfrutar de una buena taza, la necesidad de saborearlo da pie a muchos mitos en cuanto a su preparación.



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Parafraseando a uno de los más grandes escritores argentinos, en la ingenuidad de la Maga saltando en la rayuela de la vida; y saboreando un café en una prensa francesa, como solo lo haría Iván Nolazco

 

El método de encontrarte como diría Cortázar, en la esquina del pretil de hierro del puente en algún lugar de París.

Buscar siempre fue mi signo, emblema de los que salen de noche a buscar un café o caminan bajo la lluvia, solo para sentir las gotas caer en su rostro.

Los amantes del café siempre estamos en la búsqueda del mejor método para disfrutar de una buena taza, la necesidad de saborearlo da pie a muchos mitos en cuanto a su preparación. Cual romance idílico entre el catador y el aroma, beso al viento de Lucía a Horacio.

Un mundo mágico ilumina la prensa francesa, testigo de amores y revoluciones, apreciado por emperadores y poetas que encuentran una singularidad en el folklore de su elaboración. Fragancia y aroma que salen al viento, melancolía y distracción para imaginar y soñar.

La sensación que deja el café extraído en la prensa, es ese eterno instante que nace en la molienda, la fragancia invade los sentidos, mientras el chorro de agua se vierte sobre el café. Aroma que estalla a la presión del embolo, tan delicada y fuerte como la Maga, como cuando llegué a aceptar tu desorden, condición natural de nuestras vidas; como cuando toco tu boca, una boca elegida entre todas para dibujarla con mi mano en tu cara.

Instantes y sensaciones indescriptibles a la razón, memoria eterna del paladar que me hace soñar, momentos de placer que vivo a cada segundo, mientras las volutas de café invaden mi mundo real.

Al fin llega su silueta delgada como saltando en la rayuela, a oscurecer el fondo blanco de mi taza, convencida que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas.

Toco tus labios ardientes y el éxtasis colma mis sentidos, sonrío y te imagino en aquel puente frágil de tablón sujetado por muebles y libros; me diste calor, amor y distancia, como ayer.

El juego de la vida y el azar de los encuentros en el café del parque.

…”Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.