Algarrobo Maderas: una historia familiar que nació en un viaje y creció a fuerza de trabajo y creatividad

Ángel y su familia encontraron en el grabado láser una manera de transformar productos en recuerdos, regalos y emociones.


Hay proyectos que nacen de una gran planificación y otros que aparecen casi sin darse cuenta, a partir de una experiencia que deja una huella. La historia de Algarrobo Maderas pertenece a este último grupo. Hace aproximadamente tres años, Ángel Eduardo y su familia emprendieron un viaje por distintas provincias del norte argentino y, mientras recorrían pueblos y lugares, descubrieron la enorme riqueza de los productos autóctonos y artesanales que encontraban a su paso.

Durante el viaje comenzaron a comprar productos a artesanos de diferentes puntos del país. Para hacerlo habían tomado un préstamo y apostaron a una primera inversión que, con el tiempo, pudieron recuperar. Pero más importante que recuperar ese dinero fue descubrir que allí podía existir una oportunidad para construir algo propio.

El primer gran paso llegó con su participación en el Festival de Rivadavia le Canta al País. Allí instalaron un stand para ofrecer sus productos y la respuesta del público fue muy positiva.

“Esa inversión nos sirvió para comenzar este proyecto”, recuerda Ángel, quien junto a su familia decidió apostar por el emprendimiento y darle una identidad propia.

Así comenzó a crecer Algarrobo Maderas, un emprendimiento familiar dedicado principalmente al grabado láser y a la personalización de productos.

Con el paso del tiempo fueron incorporando una amplia variedad de artículos: copas, mates con virola de alpaca, termos, bombillas, materas, cuchillos, tablas de fiambre, chop y diferentes productos pensados tanto para uso personal como para realizar regalos.

El grabado se transformó especialmente en una alternativa muy buscada para regalos empresariales. Empresas y clientes particulares encuentran en Algarrobo Maderas la posibilidad de elegir un producto, personalizarlo y darle un significado propio.

“Una idea, un sentimiento. El sello es importante”, explica Ángel al referirse a la filosofía que hay detrás de cada trabajo.

La calidad y la atención personalizada son dos de los pilares sobre los que construyeron el emprendimiento. Para la familia, cada cliente es importante y cada pedido representa una nueva oportunidad para demostrar el compromiso con el trabajo que realizan.

Ángel trabaja como empleado de comercio y su esposa, Eli, es docente. Sin embargo, sus actividades laborales no les impiden encontrar el tiempo necesario para llevar adelante, junto a sus hijas Luna, Sofía y Valentina, este proyecto familiar que nació de una idea y que, con el paso del tiempo, fue creciendo hasta convertirse en un emprendimiento que los representa.

En Algarrobo Maderas, cada integrante de la familia tiene un rol y aporta algo diferente. El tiempo, las ideas y los conocimientos se combinan en una dinámica de trabajo en la que todos participan y en la que la capacitación y la búsqueda permanente de nuevas alternativas ocupan un lugar fundamental. Para ellos, aprender, incorporar nuevas herramientas y estar atentos a las necesidades de sus clientes es también una manera de seguir creciendo.

“Somos gente trabajadora. Venimos de la viña y estamos acostumbrados a trabajar”, cuenta Ángel, una frase que resume buena parte de la identidad de esta familia. Esa cultura del esfuerzo se refleja en la dedicación que ponen diariamente al emprendimiento, al que prácticamente le destinan tiempo de lunes a lunes. Mantener un importante stock es una de las estrategias que les permite responder rápidamente a los pedidos y, al mismo tiempo, ofrecer a sus clientes una amplia variedad de productos, procurando siempre combinar calidad y buenos precios.

A ese trabajo cotidiano se suma el vínculo que han construido con proveedores de distintos puntos del país. La familia procura mantener una relación directa con ellos, buscando acceder a productos de calidad y conseguir condiciones que les permitan trasladar esas ventajas a quienes confían en Algarrobo Maderas.

Ese esfuerzo también se refleja en el alcance que ha logrado el emprendimiento. Lo que comenzó como un proyecto familiar en Mendoza hoy trasciende las fronteras provinciales y recibe pedidos desde diferentes lugares de la Argentina, especialmente de Córdoba, Misiones, Santa Fe y Corrientes. En Mendoza, además, han logrado construir vínculos comerciales con distintos clientes, entre ellos un regional de Potrerillos y la estación de servicio de Eloy Guerrero.

De esta manera, Algarrobo Maderas continúa creciendo sin perder aquello que le dio origen: el trabajo familiar, la constancia y la convicción de que cada nuevo cliente y cada nuevo pedido representan también una oportunidad para seguir aprendiendo y construyendo juntos.

Pero detrás de esos primeros pasos hay mucho más. Hay horas de trabajo, aprendizaje, sacrificio y una decisión permanente de seguir adelante.

Ángel recuerda aquel viaje al norte como el momento en que comenzaron a mirar de otra manera aquello que tenían delante. La riqueza de los productos autóctonos, el trabajo de los artesanos y la identidad que había detrás de cada pieza fueron la inspiración para pensar que también ellos podían construir algo desde Mendoza.

Hoy Algarrobo Maderas representa el esfuerzo de una familia que decidió apostar por el trabajo, por la innovación y por la personalización como una forma de diferenciarse. Cada mate, copa, termo, cuchillo, tabla o chop que sale de sus manos lleva algo más que un grabado. Lleva una historia, un nombre, una fecha, una frase o un símbolo que tiene un significado especial para quien lo recibe.

Porque para Ángel, Eli, Luna, Sofía y Valentina, emprender no significa solamente vender. Significa trabajar juntos, aprender, crear y demostrar que, con esfuerzo y perseverancia, una idea surgida durante un viaje puede transformarse en un proyecto familiar del que todos pueden sentirse orgullosos.




Seguí Leyendo...