Oscar Domínguez: el niño prodigio de Montecaseros que hizo de la música su destino

Desde una pequeña guitarrita en su infancia hasta los grandes escenarios del país y el mundo, el músico sanmartiniano construyó una trayectoria marcada por el talento y la pasión


Nacer en una familia donde la música era parte de la vida cotidiana fue, quizás, el primer paso de un destino ya escrito para Oscar César Domínguez. Nació en 1953, en el distrito de Montecaseros, departamento de San Martín, Mendoza. Hijo de Oscar Ataleo Domínguez, músico apasionado, y de Blanca Quiroga, creció rodeado de guitarras, ensayos y canciones que marcarían para siempre su camino.

La historia comenzó cuando apenas tenía cinco años. Su padre integraba un grupo musical y el pequeño Oscar observaba cada ensayo con una atención asombrosa. Miraba cómo colocaban los dedos sobre las cuerdas, cómo acompañaban las voces y cómo nacía la magia de cada canción. Todo quedaba grabado en su memoria.

Cuando los músicos se retiraban, el niño corría a su habitación, tomaba una pequeña guitarrita que le había regalado su abuelo y repetía cada movimiento que había visto. Sin maestros, sin partituras y guiado solamente por el oído y la pasión, aprendió prácticamente solo a tocar la guitarra. Allí comenzó a revelarse ese niño prodigio que llevaba la música en la sangre.

Sus primeras experiencias artísticas llegaron muy temprano. Con apenas 10 años, su padre lo llevaba los domingos a Radio Nihuil y LV10, donde comenzó a familiarizarse con el ambiente radial. Poco después debutó en Canal 7, en el recordado programa infantil “Recreo”, conducido por Olga O’Farrell. Desde chico, Oscar ya respiraba música y escenarios.

A los 18 años empezó a trabajar como músico recepcionista junto a su tío Beto Quiroga, reconocido guitarrista de Pocho Sosa, en la histórica “Vieja Casona”. Aquella experiencia fue fundamental en su formación. Su tío, alumno del gran Tito Francia, lo ayudó a perfeccionarse musicalmente mientras acompañaban a figuras nacionales como Dumas y Argentino Ledesma.

“Me hice tocando”, suele decir Oscar, orgulloso de haber aprendido en los escenarios y en el acompañamiento de grandes artistas. Esa experiencia le permitió dominar distintos géneros musicales, especialmente el tango y el folklore.

En 1974 formó el grupo “Los Reales” y en 1981 llegaron a ser revelación en Cosquín. A partir de allí participaron en programas emblemáticos como “Argentinísima”, de Julio Márbiz, y grabaron cuatro discos.

Un año más tarde integró “Las 18 Cuerdas”, junto a Raúl Vega y Roberto Merletti, una de las formaciones más destacadas de la música cuyana. Permaneció allí durante aproximadamente una década, grabando cuatro discos y recorriendo escenarios de todo el país.

En 2005, tras la partida de Merletti a España, se incorporó Martín Castro y grabaron el disco “Tango en Perspectiva”, trabajo que les permitió ser ternados y ganadores de los Premios Gardel. Luego llegó la presentación en el Teatro Gran Rex, además de importantes reconocimientos como el Premio Escenario y el Festival Nacional del Malambo.

La música siguió llevándolo por nuevos caminos. En 2010 integró “Cuyo en Guitarras”, junto a Yiyo Andino, Roberto Merletti y Manuel Leguizamón, agrupación con la que grabó cuatro discos más.

A lo largo de su carrera participó también como invitado en numerosas producciones musicales junto a artistas y grupos como Pablo Salcedo, Markama y Anabel Molina. En total, Oscar Domínguez ha grabado 24 discos, dejando una huella profunda en la música cuyana y argentina.

La placa discográfica titulada “Palorma Ciento por Ciento” es una obra de los músicos Roberto Mercado y Oscar Domínguez. Este proyecto se convirtió en uno de los trabajos más emotivos de sus trayectorias artísticas, especialmente al formar parte, en 2018, del homenaje por el centenario del nacimiento de Félix Dardo Palorma. La propuesta, denominada “100% Palorma”, recorrió distintos escenarios del país con más de 50 presentaciones, llevando la música cuyana más allá de las fronteras argentinas, con actuaciones también en España y Alemania.

Oscar recuerda especialmente una peña en Madrid, donde el público español cantaba con emoción “Zamba de mi esperanza” y hasta “Póngale por las hileras”. Para él, ese amor europeo por el folklore cuyano tiene raíces profundas en el legado de don Hilario Cuadros y Los Trovadores de Cuyo.

Su inspiración musical nació escuchando los viejos long play de Los Cantores del Quilla Huasi que sonaban constantemente en su casa familiar. Allí aprendió chamamé, tango, milongas y folklore. Aunque el folklore fue siempre su raíz más fuerte, Oscar nunca dejó de explorar otros géneros. Los boleros también ocupan un lugar especial en su corazón y en sus últimas producciones musicales.

Actualmente continúa activo, compartiendo su música a través de YouTube, donde tiene más de 100 canciones publicadas y una enorme comunidad de seguidores y amigos que reconocen su trayectoria.

Más allá de los escenarios y los premios, Oscar se emociona al hablar de su familia: sus tres hijos, Nicolás, Walter y Georgina Gabriela, y sus seis nietos, quienes heredaron también el amor por la música.

Con humor suele decir: “Aprendí música para no trabajar”, aunque rápidamente reconoce el enorme sacrificio que implica vivir del arte. Por eso, durante muchos años complementó la música con otros trabajos, entre ellos como cortador de carne, oficio heredado de su padre y su abuelo en el histórico Mercado Domínguez.

Pero si hay un lugar que permanece intacto en su memoria y en su corazón, ese es Montecaseros. Allí vivió en Tres Esquinas, cursó la primaria en la Escuela Patria y construyó amistades que conserva hasta hoy.

“Montecaseros es lo más bello, siempre quiero volver”, expresa con emoción.

Junto a su amigo Alfredo compuso el vals “Regreso”, dedicado a Montecaseros, una canción que los vecinos consideran prácticamente un himno y patrimonio cultural de la zona.

La historia de Oscar Domínguez es la de un hombre que nació rodeado de música y convirtió ese amor en una vida entera de escenarios, guitarras y canciones. Un artista que nunca olvidó sus raíces y que sigue llevando el alma cuyana a cada rincón donde suenan sus acordes.



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